• Orti Ortiz

La visión finalista de John Rawls sobre los surfistas de Malibú (escena II)

El surf, los surfistas y Malibú se convirtieron en un asunto de interés intelectual. Van Parijs (1991) da buena cuenta de ello. En un artículo publicado para la revista Philosophy & Public Affaires y titulado Why surfers should be fed?, el filósofo replica la asunción esbozada por Rawls (1988). Para el filósofo belga, “el surfista realiza actos maximizadores de utilidad social” (Alcoberro, 2021, párrafo: 2). De este modo, y contrariamente a la percepción de Rawls (1988) donde los surfistas, “si quieren recibir un ingreso real y no solo virtual y si quieren recibir alimentación y vivienda, tendrán que trabajar” (Van Parijs, 2014, pág: 178), no es necesaria la existencia de una estricta reciprocidad en los intercambios producidos entre los individuos para que la sociedad sea justa.


El filósofo estadounidense se empeña en denunciar que “aquellos que no participan en la cooperación productiva de la sociedad tampoco pueden esperar ayuda en caso de conflicto o de necesidad” (Alcoberro, 2021, párrafo: 18). Pero prestemos atención. Rawls (1988) tiene “bien interiorizada la tradición calvinista” (Alcoberro, 2021, párrafo: 18). Por ello, su concepción en torno a las actividades humanas se encuentra atravesada por un sentir pecuniario. Este hecho niega la posibilidad de entender las sinergias sociales y económicas nacientes en la práctica del surf.


Si los surfistas de Malibú, en vez de emplear su tiempo exento de obligaciones a la práctica de este deporte, estuvieran entrenando para una competición o haciendo clases a aprendices, el filósofo consideraría que dichas actividades si contribuirían a la utilidad agregada así como lo hace “un profesor de instituto o un mecánico” (Alcoberro, 2021, párrafo: 2). La demarcación dineraria concretada por el autor dicotomiza su comprensión alrededor de las prácticas llevadas a cabo por los individuos. Este hecho traza una distinción entre aquellas que tienen la capacidad de generar utilidad y aquellas carentes de él. El entendimiento finalista expresado por Rawls (1988) provoca que la práctica del surf, cuando se desarrolla en el tiempo libre, suponga la realización de una actividad improductiva.


Durante 1910 y 1920 la playa de Waikiki fue el centro del surf moderno, pero la difusión del surf a través de las producciones de Hollywood, de la música y de la literatura provocó que California deviniera en el foco de la cultura surfing. La popularización del surf en el estado del oso pardo generó el auge “de una industria diversificada” (Kampion & Brown a través de Reis & Jorge, 2012, pág: 6) donde

“la fabricación de tablas de surf, accesorios y materias primas, tiendas de surf, escuelas de surf, medios y empresas especializadas como agencias de viajes, hoteles, bares y restaurantes [...]; [provocó] una segmentación de mercado altamente especializado que promovió la creación de empleo y el desarrollo regional” (Fortes a través de Reis & Jorge, 2012, pág: 7).

Así, a lo largo de los años ’60 aparecieron un sin fin de marcas centradas en la fabricación de tablas de surf[1]. Por ejemplo, firmas como Gordon & Smith, que contó con un potente equipo de surferos crearon tablas como Red fin, Butch Van Artsdalen o Skip Frye. Fue precisamente esta empresa una de las primeras compañías en comercializar el concepto surf t-shirt. También Hansen nacida en 1961 en la ciudad de Cardiff (California) contaba con su propio equipo. Surfistas como L.J. Richards, Rusty Miller, Linda Benson y Mike Doyle formaron parte de él. Este último tuvo varios modelos de tablas con su nombre. La compañía fabricó Competitor, 50/50, Master, Hustler y en 1968 la tabla denominada Super Lite (Piquer, s.f.).

Éstas y otras compañías como Acme, Allen, Bill o, posteriormente, David Nuuhiwa emergieron gracias al incremento de la demanda proveniente de la extensión del surf. Gracias a ello, los productos fabricados por estas compañías tuvieron salida en las surf shop. Tiendas como Vardeman en Hermosa Beach o Surf N Wear’s The Beach House en Summerland y, posteriormente, en Santa Bárbara se convirtieron en lugares donde comprar equipamiento para la práctica deportiva: recambios, ropa, productos para el mantenimiento de la tabla o revistas copaban estos negocios.


Pero, además, la surf shop sobrevino en un punto de encuentro entre practicantes. La tienda se transformó en un espacio de reunión y socialización donde los surfistas podían informarse, chismorrear y conocer a nuevos practicantes. La tienda acontenció en el tercer lugar para los surfistas. Un espacio de confort, fraternidad y diversión fuera del trabajo remunerado y el hogar (Housman a través de Jones, 2017).


La mayoría de las tiendas eran pequeñas y se encontraban ubicadas en zonas comerciales donde las rentas eran medias y bajas. Y si bien eran negocios con reducidos márgenes y bajas tasas de pervivencia, tal y como relata Warshaw (2011) en su obra The history of surfing, el auge en el consumo del surf provocó que por cada dos tiendas que se cerraban, se abrieran tres de nuevas. En 1963 solo en el sur de California habían cincuenta tiendas de surf pero, en 1967, esa cifra aumentó a las setenta y cinco.

Contrariamente a la dualización precisada por el filósofo estadounidense, la práctica del surf desarrollada fuera de los marcos pecuniarios originó la concreción de un valor que posibilitó la creación de una metabolismo económico en torno al surf gracias a la demanda proveniente de la interacción entre sujetos. Ralws (1988) no se da cuenta que el incrementó en el interés por el consumo de este deporte posibilitó, por ejemplo, que en 1959 se celebrará en Huntington Beach el primer Campeonato de Surf de la Costa Oeste. Su impacto y su relevancia provocó que, en 1962, la compañía Pepsi se convirtiera en la primera empresa multinacional en respaldar una competición de surf (Warshaw a través Douglas, 2017). Precisamente en ese mismo año, John Severson (1933–2017) fundó en San Clemente (California) una de las revistas de mayor relevancia en el mundo de este deporte: Surfer Magazine (Kelly, 2016). Posteriormente, en 1964, con el auge del surf boom, la competición se retransmitió en el Wide World of Sports de ABC (Warshaw a través Douglas, 2017).


Las preferencias calvinistas del filósofo obcecan al autor delante de las certeras dinámicas originadas por este deporte. Su fetichismo pecuniario le niega la posibilidad de comprender que la generación de valor va mucho más allá de la encosertada concepción protestante que sólo entiende a las actividades como productivas cuando éstas estan atravesadas por una relación dineraria. Rawls (1998) es ciego delante de la evidencia.


Bibliografía

____________________ [1] Para conocer el listado completo, visitar el siguiente enlace: https://montjuichboards.com/censo-de-marcas-de-tablas-de-los-anos-60-y-70


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