• Alejandro Caamaño & Orti Ortiz

La evolución cinematográfica del zombie


La tradición zombie toma profundas raíces en el vudú y la magia negra provenientes de Saint-Domingue (actualmente Haití), donde los esclavos representaban el 88% de los habitantes. Frente al temor a ser vendidos, los esclavos simulaban su muerte y entierro para vivir de forma oculta y evitar su comercialización.


La mitologización del muerto viviente surgió entonces como explicación razonable ante el avistamiento del difunto fuera de su tumba. Así, el fallecido andante simbolizaba los miedos a la esclavitud en sí misma, incluso después del deceso. Productos audiovisuales como White Zombie (1932) de Victor Halperin (1895-1963) y I Walked with a Zombie (1943) de Jacques Tourneur (1904-1977) dan buena cuenta de ello en su representación del muerto esclavizado nacida en la colonia francesa.


Pero no fue hasta Night of the living dead (1968) cuando se redefinió la concepción del zombie. Con su obra, el director George A. Romero (1940-2017) rompió con el paradigma esclavista procedente de la isla y reconfiguró el significado del término. En la película, el concepto zombie deviene en un fenómeno del desvanecimiento hallado fuera del control exógeno y que traspasa las barreras locales alcanzando el plano de una plaga mundial exenta de capacidad de raciocinio donde la única motivación del zombie es alimentarse de carne humana y cuyo peligro reside en su número y voracidad.

Esta nueva idea de zombie coincide en el tiempo con los primeros atisbos sociales de la reconfiguración posmoderna de la sociedad, renunciando a las utopías y a la idea de progreso por el desencanto, bajo unos procesos de hiperindividualización y terciarización de la economía que incurre en una división productiva del trabajo y flexibiliza las relaciones sociales generando angustia e inseguridad ante pilares previamente asumidos como estables tales como el trabajo y la familia. El zombie escenifica entonces a los miedos contemporáneos donde la gente que queremos está ausente pese a su presencia corpórea, desapareciendo la relación personal existente y acrecentando los temores a la rutina y la alienación que conduce a vínculos sociales y de consumo producidos por inercia, flotando en un nihil generado por una saturación cultural que nos hace permanecer inmóviles, inertes.


En el año 2002, el director Danny Boyle (1956-actualidad) estrenó la película 28 Days Later. El cineasta introdujo al infectado ciñéndose a "las temporalidades sustanciales de la existencia humana, en especial en la creciente sensación de compresión espacio temporal en la vida cotidiana" (Wajcman & Mena, 2017, pág: 36). Con su obra, el director británico quebranta la imagen del zombie desvanecido resultante del cine de El padre de los zombies y reformula la definición del término. En la película, el concepto zombie se transforma en un fenómeno de la velocidad donde el infecto, que se desplaza a altos niveles de presteza, propaga vertiginosamente el virus mediante el contacto sanguíneo.

Esta nueva idea de zombie resuena en el tiempo después de los vaivenes económicos derivados de los problemas de sobreacumulación originados en los años ’70, donde las obstrucciones generadas en la reproducción ampliada provocaron devaluaciones como resultado. Por ello, la aceleración del tiempo, a través del incremento de la celeridad en el movimiento, se convierte en el medio para la obtención del máximo beneficio en el menor tiempo posible: "cuanto más deprisa pueda traducirse el dinero en la producción de bienes y servicios, mayor será la capacidad del capital de expandirse o valorizarse" (Wajcman & Mena, 2017, pág: 37). El infectado simboliza entonces "el movimiento, la fluidez [y] la flexibilidad" (Lipovetsky & Charles, 2014, pág: 27) necesaria para eludir cualquier oclusión en la reproducción del flujo de capital.


Alejandro Caamaño & Orti Ortiz


Bibliografía

  • Lipovetsky, G., & Charles, S. (2014). Los tiempos hipermodernos. Barcelona: Anagrama.

  • Wajcman, J., & Mena, F. J. R. (2017). Esclavos del tiempo: vidas aceleradas en la era del capitalismo digital. Barcelona: Paidós.

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